A veces, cuando una persona rompe tu corazón, se hace muy difícil volver a confiar. Cuando una relación se destroza por un error, la confianza, esa que construiste con el tiempo, se puede derrumbar en tan solo un segundo.
La desconfianza es como un escudo que nos “protege” contra lo que nos hace daño. Como si no nos dejara confiar en cierta gente por el hecho de que en un futuro nos pudieran llegar a lastimar. Por eso desconfiamos: por miedo. ¿Miedo a qué?, ¿a sufrir?, ¿a equivocarnos?, ¿a qué? Desconfiamos porque es más fácil desconfiar que confiar. Es más fácil darte por vencido y decir “no me conviene” que arriesgarse... Pero ¿vale la pena arriesgarse una segunda vez?, ¿vale la pena volver a confiar?, ¿vale la pena volver a SUFIR?
No hay comentarios:
Publicar un comentario