“Ojos que no ven, corazón que no siente”, dicen. No se siente lo que no se ve. No se puede sentir nada si no lo ves, o no lo sabes. Como cuando te traicionan, hasta que te enteras… sos feliz. Feliz no por estar engañada, sino por el hecho de no saber que lo estas. Feliz porque tus ojos no ven la realidad. Feliz porque vivís en una burbuja de aire, alejada de la realidad. Feliz por eso y por mucho más.
“La ignorancia hace la felicidad”, dicen los sabios. Debe ser así. Mientras menos atención le prestas a los demás, mientras más vivís en una nube, volando, lejos; mejor te sentir… mejor estas. Y al final, después de todo, enterarte de las cosas, aunque te hagan abrir los ojos, te destrozan. Es peor que mil puñaladas juntas por la espalda. Pero el punto está en saber qué es lo que queremos nosotros: vivir encerrados en una caja de cristal, ignorando lo que nos hace mal, haciendo de cuenta que todo está bien, pretendiendo ser feliz. O abrir los ojos y descubrir cómo es la realidad e intentar seguir adelante a pesar de todo.
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