Que ciega estuve al creer en tu canción. En pensar que lo que me decías era verdadero y que realmente lo sentías. Que podías llegar a cambiar por mí… o simplemente llegar a cambiar. Porque no podes cambiar, ni por mí, ni por nadie. Porque no te importan las relaciones, no te importa la gente que te quiere de verdad. Preferís lo fácil, en vez de luchar por lo que realmente querés. Porque ese es tu problema; que tu orgullo no te deja hacerlo. Pensas que es preferible perder por orgullo a la persona que te quiere realmente, en vez de perder tu orgullo por esa persona. Pensas que es mejor quedar bien con tus amigos, quedar como el ganador y tenerte que aguantar las ganas de decir lo que realmente sentís.
NO VAS A CAMBIAR. Sos así. El típico chico que parece que lo tiene todo, que te puede brindar todo lo que vos querés. Que no te va a hacer sufrir. Típico pendejo que te pinta el mundo de otro color y te hace sentir, aunque sea tan solo por un instante, que sos amada de verdad. Sos así. No te puedo cambiar. No quiero cambiarte. No me importa cambiarte. Me gustaría que algún día cambiaras POR MI. Porque querés. Porque me necesitas. Porque me extrañas. (Aunque está claro que no vas a cambiar) No vas a cambiar porque te gusta ser como sos. Te gusta mentir, engañar, sentirte importante. Te gusta sentirte deseado, sentir que haces falta en la vida de alguien. Que me haces falta. Te gusta destrozar relaciones para luego buscarte otra y hacer exactamente lo mismo. Te gusta equivocarte. Te gusta serme indiferente; haciendo que te quiera cada día más. Te encanta ver como sufren por vos. Ver como tenés a todas las que querés atrás tuyo. Se ve que lo disfrutas. Disfrutas eso: hacerle mal al que te quiere. No aprovechas. No querés. No sentís.
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