lunes, 14 de febrero de 2011

Nadie entiende lo que siento; lo que me haces sentir. Que quiero crear un mundo a tu lado. Que a pesar de los errores, te quiero. Que a pesar de las equivocaciones sos el hombre que sigo eligiendo todos los días, el que me enseñó a ser, a perdonar, a creer... A pesar de todas las cosas te sigo eligiendo, te sigo buscando, te sigo queriendo. Porque ni la peor de todas las decepciones hacen que deje de estar tan atada a vos. Ni el mayor de los errores hacen que te deje de querer.
A veces pienso el porqué tenes tanta importancia en mi vida, porqué sos como sos y aún así te sigo apostando la vida. Intento imaginarme una vida sin vos, pero no tiene sentido. Nada me llena si no estás. Nada me importa. Es que no hay nadie que me importe como vos, no hay nadie que quiera a mi lado que no seas vos. Si, existen muchos otros pero solo VOS me haces sentir de esta forma inexplicable y sin fin.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Como cuando te caes y te levantas. Como cuando cometes un error y aprendes de él. Como cuando te despertás una mañana después de una noche fatal. Como luego de cada tormenta, sale el sol. Como cada vez que escucho una canción y la asimilo con vos. Como recordar los malos recuerdos del pasado y que se te caiga una lágrima.
Así es como voy hacia vos. Indirectamente. Inconscientemente. Sin darme cuenta. En todo estás, y en nada también. Como mirar al vacío y pensar las infinitas cosas que pasamos juntos. Como mirar al cielo, ver las estrellas y quedarme colgada pensando en este sentimiento que crece cada día más.
Porque eso logras vos: infinitos sentimientos. Cosas que jamás hubiera llegado a imaginar.
Como después de un invierno llega la primavera, así sos vos. Llegando a mi pensamiento después de todo lo malo, después de cada caída, de cada golpe, de cada noche en vela. Después de todo lo malo, AHÍ ESTAS VOS. Para ayudarme a levantarme si caigo, para apoyarme, para rescatarme. Porque vos solo sabes que sos el único que en verdad puede salvarme..

lunes, 7 de febrero de 2011

Aprendí a no escuchar los comentarios de la gente, a no dejar que tomaran las decisiones POR MI. Aprendí a quererte cada día más, a levantarme pensando en vos, y a irme a acostar haciendo lo mismo. Aprendí que a veces es necesario sufrir para darte cuenta que sentís. Y que también hace falta caerse (las veces que sean necesarias) para aprender de los errores.
Aprendí que si perdonas, que si confías, que si te arriesgas por lo que querés; en algún momento se va a terminar porque nada dura para siempre. Aprendí que vivir el momento sin pensar en las consecuencias, trae mejores resultados. Aprendí a levantarme cada vez que caigo, Y A CONTAR CON VOS PARA QUE ME LEVANTES.
Aprendí a dejarme llevar, siguiendo lo que quiero, haciendo lo que amo; que es estar a tu lado.
Cómo me destroza verte feliz. Verte sonriendo con otra que no sea yo. Verte en otros brazos que aparentan ser lo que vos querés. Pero te apuesto que ella no es lo que querés ni lo que necesitas. Apuesto que no te besa como yo. No te quiere como yo. Ojalá algún día entiendas que nadie, nadie, va a amarte como yo lo hice. Como yo lo hago. Porque nadie te conoce como yo, nadie conoce tu pasado y, aún así, te sigue queriendo y apostando la vida. Porque yo te pongo todas las fichas a vos, todas. Por más que seas como sos. Por más que termine destrozada… si es por VOS, estoy encantada. Pobre de ella que no conoce tu pasado, tus historias, tus sentimientos. No sabe nada de vos… y decís que la queres! Seguí jugando a hacerte el enamorado que en eso sos perfecto, seguí actuando; pero espero que te des cuenta que la única que te quiere de verdad, SOY YO.
Yo siempre tuve esperanzas en vos. Hasta llegue a pensar que podías llegar a cambiar por mí. Por primera vez sentí que me querías, me sentí importante a tu lado. Me sentí feliz. Por primera vez dejé de lado los comentarios de la gente que me hacían sobre vos y me concentré en nosotros.
Nunca sentí de esta forma, tampoco imaginé llegar a sentirme así. Un vacío en el pecho que ni el sueño de mil noches te puede quitar.
Te necesito. Sin vos nada me complace. Nada me llena. No quiero nada si no estás. No quiero a nadie. Te quiero a vos, ¿Qué parte no entendés? No es difícil de entender: te quiero junto a mí.
¿Por qué sos así?, ¿por qué nunca pensaste en ‘nosotros’? Es que nunca tuve prioridad en tu vida. Nunca te importe. Pero si nunca te importé, ¿por qué no me lo dijiste desde un principio?, ¿por qué no me avisaste? Yo sabía que algún día ibas a marcharte, pero no así… Tampoco entiendo porque soy yo la que sigue tan atada a esta historia, la que no le quiere poner un punto final, pasar de página y comenzar otra historia. ¿No ves que ya hasta no me cuesta aceptarlo? Lo admito. Admito que te extraño, admito que te necesito. Pero el problema no es ese, el problema sos vos. El problema es que sos así, que no te puedo cambiar. Que no querés cambiar. Te importa mucho lo que piensen de vos, te importa mucho tu apariencia, tu reputación. Tu orgullo no te deja hacer las cosas que realmente querés hacer. Porque sé que en el fondo me extrañas, se que en el fondo te arrepentís de haberle puesto un final a nuestra historia. Porque no se acabó. NO HAY FIN. Quedaron muchas cosas pendientes entre nosotros, y lo sabes mejor que nadie. Podes negar que me quisiste, que me queres, que todavía formo parte de tu vida. Que me recordás y te arrepentís. Nega lo que quieras, hace lo que quieras. Pero te pido un único favor: no me olvides.
¿Tanto me cuesta olvidarte?, ¿tan importante sos en mi vida? Si. La verdad que lo sos. Y creo que eso es lo que más me sorprende de todo esto. Porque a pesar de los errores, las caídas; a pesar de las equivocaciones, de las marcas que pudiste haber dejado en mí, no me arrepiento de nada. Hoy me haces daño, pero en un pasado me hiciste feliz; y es eso lo que recuerdo. Me quedo con todos esos momentos que vivimos juntos. Las tardes juntos. Las conversaciones. Los chistes que me hacías. Creo que es lo mejor que puedo hacer: recordar las cosas buenas, olvidar las cosas malas y seguir. Porque siempre se puede seguir. La cuestión no está en olvidarte, sino en aceptar que no estás más junto a mí. Que a pesar que quiera, sos así y no vas a cambiar nunca. El problema es que no lo quiero aceptar, porque me gustaría que algún día vengas y me digas lo mucho que me extrañas y lo mucho que me necesitas con vos. Que me prometas que vas a cambiar, por lo menos por esta vez. Por lo menos POR MÍ. Para mí.
Trato de analizar lo que me pasa día a día. Trato de que cada mañana al despertar me seas indiferente, que no me importes, que no quiera saber de vos. Intento no pensarte, no extrañarte, no necesitarte. Me levanto de la cama y hago mil cosas para no recordarte… pero es inútil: tu recuerdo sigue grabado en mí. No sé porqué sos tan importante, porque marcaste tanto en mi vida. No entiendo lo fuerte que puede convertirse un sentimiento en tan poco tiempo.
Intento hacerme la difícil pero es absurdo, no puedo contra vos. Te quiero. Te extraño. Te necesito. Te quiero conmigo. ¿Cómo uno puede querer tanto a alguien en quien no confía? Porque no confío en vos. Nada en absoluto. Ni hoy ni nunca. Y ese es mi problema: no confío en vos. Porque si me dieras la confianza que necesito, estaríamos juntos. Si no fueras como sos. Si te importara solo una sola mujer. Pero es imposible, sos así.
Que ciega estuve al creer en tu canción. En pensar que lo que me decías era verdadero y que realmente lo sentías. Que podías llegar a cambiar por mí… o simplemente llegar a cambiar. Porque no podes cambiar, ni por mí, ni por nadie. Porque no te importan las relaciones, no te importa la gente que te quiere de verdad. Preferís lo fácil, en vez de luchar por lo que realmente querés. Porque ese es tu problema; que tu orgullo no te deja hacerlo. Pensas que es preferible perder por orgullo a la persona que te quiere realmente, en vez de perder tu orgullo por esa persona. Pensas que es mejor quedar bien con tus amigos, quedar como el ganador y tenerte que aguantar las ganas de decir lo que realmente sentís.
NO VAS A CAMBIAR. Sos así. El típico chico que parece que lo tiene todo, que te puede brindar todo lo que vos querés. Que no te va a hacer sufrir. Típico pendejo que te pinta el mundo de otro color y te hace sentir, aunque sea tan solo por un instante, que sos amada de verdad. Sos así. No te puedo cambiar. No quiero cambiarte. No me importa cambiarte. Me gustaría que algún día cambiaras POR MI. Porque querés. Porque me necesitas. Porque me extrañas. (Aunque está claro que no vas a cambiar) No vas a cambiar porque te gusta ser como sos. Te gusta mentir, engañar, sentirte importante. Te gusta sentirte deseado, sentir que haces falta en la vida de alguien. Que me haces falta. Te gusta destrozar relaciones para luego buscarte otra y hacer exactamente lo mismo. Te gusta equivocarte. Te gusta serme indiferente; haciendo que te quiera cada día más. Te encanta ver como sufren por vos. Ver como tenés a todas las que querés atrás tuyo. Se ve que lo disfrutas. Disfrutas eso: hacerle mal al que te quiere. No aprovechas. No querés. No sentís.
A veces, cuando una persona rompe tu corazón, se hace muy difícil volver a confiar. Cuando una relación se destroza por un error, la confianza, esa que construiste con el tiempo, se puede derrumbar en tan solo un segundo.
La desconfianza es como un escudo que nos “protege” contra lo que nos hace daño. Como si no nos dejara confiar en cierta gente por el hecho de que en un futuro nos pudieran llegar a lastimar. Por eso desconfiamos: por miedo. ¿Miedo a qué?, ¿a sufrir?, ¿a equivocarnos?, ¿a qué? Desconfiamos porque es más fácil desconfiar que confiar. Es más fácil darte por vencido y decir “no me conviene” que arriesgarse... Pero ¿vale la pena arriesgarse una segunda vez?, ¿vale la pena volver a confiar?, ¿vale la pena volver a SUFIR?
Ojos que no ven, corazón que no siente”, dicen. No se siente lo que no se ve. No se puede sentir nada si no lo ves, o no lo sabes. Como cuando te traicionan, hasta que te enteras… sos feliz. Feliz no por estar engañada, sino por el hecho de no saber que lo estas. Feliz porque tus ojos no ven la realidad. Feliz porque vivís en una burbuja de aire, alejada de la realidad. Feliz por eso y por mucho más.
“La ignorancia hace la felicidad”, dicen los sabios. Debe ser así. Mientras menos atención le prestas a los demás, mientras más vivís en una nube, volando, lejos; mejor te sentir… mejor estas. Y al final, después de todo, enterarte de las cosas, aunque te hagan abrir los ojos, te destrozan. Es peor que mil puñaladas juntas por la espalda. Pero el punto está en saber qué es lo que queremos nosotros: vivir encerrados en una caja de cristal, ignorando lo que nos hace mal, haciendo de cuenta que todo está bien, pretendiendo ser feliz. O abrir los ojos y descubrir cómo es la realidad e intentar seguir adelante a pesar de todo.